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viernes, 16 de mayo de 2008

Un poema de Lluís Pons

La noche del Naufragio en los bares conocí a un poeta (conocí a muchos poetas). Le saludé divertida, casi pensando que él me reconocería sólo con verme por el mero hecho de haber intercambiado opiniones y comentarios en nuestros blogs. Él me devolvió el saludo amable, pero no fue hasta que me escuchó aquello de "Esta noche estoy hecha desierto..." que cayó en la cuenta de quién era.

Cuando terminamos de naufragar me regaló un libro. Esa noche me llevé sus palabras a la cama. Y así hasta hoy, despacito, tranquilamente. Me gusta su fuerza, radica en la sencillez del verso golpeado. A versazos fui pasando sus páginas. Ahora lo llevo en el bolso, envuelto en servilletas de papel donde escribo los míos, donde anoto aquellos que me van gustando. Son tantos y yo tengo tan poco tiempo que no puedo ponerlos todos. Dadme tiempo. Tened paciencia conmigo. Tiempo.

Sin embargo, hoy me he dicho voy a agradecer como se merece el regalo de Lluís, de sus palabras en la noche. Me ha hecho sonreír, pensar y recordar, sobre todo, recordar. Ahí va.

RADIOGRAFÍA

En mis poemas cabe la satisfacción,
los espejos de domingos por la mañana,
cebo para cabras y cabrones,
espinas y vértebras,
puños, dolencias
muros con: Sergio te querré siempre,
viva la inmigración o
muerte a la "picoleto".

En mis poemas caben sus pechos y todos los pechos,
sus gritos,
su corazón,
bilis, almíbar,
cal y pimienta.

En mi poema caen
flores perdidas,
besos sin lengua,
coches sin frenos.

Por mis poemas
entra y sale
el miedo.

Del poemario Barrio de Hielo - ed. Isla Varia