EL DORADO AGITACIÓN POÉTICA
lunes, 15 de febrero de 2010
Crónicas del Encuentro Poéticas en Fuga 'Otra Poesía es posible'
También tenemos las fotos en facebook realizadas por nuestro fotógrafo oficial Félix Menkar y de la jornada del viernes 12 hemos encontrado este video maravilloso, cortesía de Sopa de Poetes, y la crónica de la velada en El Dorado.
II encuentro poéticas en fuga / valencia 5 y 12 de febrero de 2010 from soperos on Vimeo.
Si encontráis o realizáis más crónicas, madádmelas por favor. Un abrazo a todos y GRACIAS: han sido dos días increíbles y ya hay un antes y un después de la POESÍA EN VALENCIA.
Voy añadiendo Óscar amplía en esta crónica su itnervención: AQUÍ
domingo, 31 de enero de 2010
AGENDA PARA EL MES DE FEBRERO

¡¡¡¡No hay pausa que valga!!!!
4/02/10 22:O0 H. POEMA-NIÁTICOS. Primer y tercer jueves de cada mes. La Jam de EL DORADO-ESPACIO MAE. Ven, lee tus textos, performa, acciona, actúa, toca, … escucha. http://poema-niaticos.
POÉTICAS EN FUGA II. "Tendencias de la Hispanoamérica actual" y "Lectura de Olvido García Valdés"
domingo, 17 de enero de 2010
LA ASOCIACIÓN POÉTICA CAUDAL, LIBRERÍA PRIMADO Y EL DORADO TRAEN A VALENCIA A TRES PREMIOS NACIONALES DE POESÍA
"ganar un día cada día, llegar"Olvido García Valdés
"Anduve por el dorso de tu mano, confiada"Chantal Maillard
"Las estrellas para quien las trabaja"Juan Carlos Mestre
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Lecturas poéticas de Olvido García Valdés,
Chantal Maillard y Juan Carlos Mestre
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Universidad de Valencia
La Nau
Vicerectorat de Cultura
Calle de la Universidad, 2
46003 Valencia
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Entrada libre y gratuita
Primer Encuentro
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Viernes 5 de febrero, de 19:30 a 21:30 hs
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Mesa I: «Tendencias de la Poesía Hispanoamericana actual con nombres propios»
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Participan: Marcos Canteli, Pedro Montealegre, Enrique Falcón, Ildefonso Rodriguez y Rafael Saravia.
Moderador: Enrique Falcón
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Mesa II: Lectura poética a cargo de Olvido García Valdés.
Acompañan: Antonio Méndez Rubio, Laura Giordani y Eloísa Otero.
Moderador: Antonio Méndez Rubio
*Con carácter informal, a partir de las 23 hs. En el café El Dorado (Alzira, 25), los poetas Ildefonso Rodríguez y Eloísa Otero ofrecerán una lectura de sus poemas.
Segundo Encuentro
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Viernes 12 de febrero, de 19:30 h a 21:30 hs
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Mesa III: Lectura poética a cargo de Chantal Maillard.
Acompañan: Oscar Solsona, Julieta Valero y Esther Ramón.
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Mesa IV: Lectura poética a cargo de Juan Carlos Mestre
Acompañan: Cecilia Quílez, Arturo Borra y Guadalupe Grande.
Moderadora: Esther Ramón.
*Con carácter informal, a partir de las 23 hs. En el café El Dorado, las poetas Julieta Valero y Guadalupe Grande ofrecerán una lectura de sus poemas.
Con el auspicio del Ministerio de Cultura de España Organiza: Librería Primado (Miguel Morata) Asociación Poética Caudal (Víktor Gómez) Café Cultural El Dorado Espacio MAE (Isaac Alonso y Alicia Martínez)
viernes, 2 de octubre de 2009
JUAN CARLOS MESTRE, PREMIO NACIONAL DE POESÍA 2008

(tomado de ABC. Manuel de la Fuente. Madrid.)
Un pájaro de buen agüero llamó ayer a la puerta de «La casa roja», de Juan Carlos Mestre, libro por el que el poeta berciano ha obtenido el Premio Nacional de Poesía 2008. El jurado del galardón, cuya dotación económica es de 20.000 euros, ha estado presidido por Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, y de él han formado parte, entre otros, los también poetas Joan Margarit y Olvido García Valdés, autores galardonados en la dos últimas ediciones, y Elena Medel.
Mestre recibía tranquilo y sereno la llamada de ABC, y con cierta austera y sobria distancia la noticia del galardón, que le traía a la memoria otras voces ya perdidas, y su deseo de hacer justicia, poética, cuando menos: «Los premios carecen de importancia, sobre todo cuando hay tantos admirables poetas y queridos amigos que no han tenido la justicia del gran reconocimiento. No me puedo olvidar en estos momentos de dos personas desaparecidas este año, José Miguel Ullán y Antonio Pereira, dos poetas que han sido dos referentes para mí en todos los órdenes de lo literario y lo personal».
Pintor y creador visual, además de vate de larga trayectoria, autor de libros como «Antífona del otoño en el Valle del Bierzo» (Premio Adonáis, 1985), «La poesía ha caído en desgracia» (Premio Jaime Gil de Biedma, 1992), «La tumba de Keats» (Premio Jaén de Poesía, 1999), Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo en 1957) escribió «La casa roja» (Calambur Editorial) durante nueve años, un libro de alguien que asegura que no tiene «una relación literaria con la poesía. En ese sentido, comparto la idea de Antonio Gamoneda cuando señala que poesía es un proyecto espiritual y no un proyecto de sociología de lo literario». El poeta ahora galardonado entiende la poesía como «la conciencia de algo de lo que no podemos tener conciencia de ninguna otra manera», y puesto tras la huella y el pensamiento de su «admirado Rafael Pérez Estrada» explica que “este libro son palabras civiles para después del tiempo».
Mestre abre de par en par la puertas de «La casa roja», puertas de una casa que es para él «una casa de huéspedes abierta a los desterrados de la razón, a aquellos que han hecho de su vida una apuesta por la imaginación, por los sueños, aquellos que en las amargas canteras de la Historia levantaron su voz para desobedecer, para decir que no». Una casa, un hogar imperecedero, una vivienda casi eterna para un puñado de habitantes conscientes de que «no hay más alto destino para el arte que no sea el elogio de la dignidad humana y la lucha por el derecho civil a la felicidad». Un puñado de inquilinos cuyas voces constituyen «un coro concertado de desobedientes, de voces borradas por los discursos de orden, por los discursos del poder, por los discursos normalizados que han ido expulsando a través de la Historia las voces de los que disienten».
Juan Carlos Mestre desgrana los versos a través de las habitaciones de esta casa, situada «en un territorio de acarreo que es fundamentalmente el territorio de la poesía, porque en ella caben todas las posibilidades. Afortunadamente, un libro de poemas no es un regimiento en el que haya que guardar algún estricto orden de discursos, sino que es un pabellón de insumisos, todo libro de poemas es un pabellón de insumisos, y la poesía ese lugar donde se hace de manera más radicalmente fehaciente el postulado de que la libertad es la primera obligación de aquellos que establecen los derechos civiles de las palabras como utopía para acercarnos a un porvenir más digno…».
viernes, 24 de octubre de 2008
Juan Carlos Mestre: La poética visual

Acabo de descubrir, como siempre gracias a Víktor Gómez, la web de Juan Carlos Mestre y me topo con un proyecto de poética visual que no deja indiferente a nadie. No dudéis en daros una vuelta por su web. A mi me faltan las palabras para describirlo. Hay que verlo. Es hermoso y delirante a un tiempo. Hasta los niños poeman.
http://www.juancarlosmestre.com
EL ARCA DE LOS DONES
Mi alma es esa casa de madera que arrastra el vendaval.
A veces en la noche yo siento acercarse a un huésped invisible y oigo girar su llave y escucho avanzar sus pasos.
Entonces la poesía, cada pluma arrancada a las alas de un ángel, es la semejanza de una casa en el aire, el portal luminoso, las ventanas abiertas, el que empuja la puerta y el que entra seguro y se acerca hasta el arca y reparte los dones.
Doy al amanecer, cuando la sangre de los delfines se derrama lentamente sobre el serrín de las cervecerías, un cuchillo blanco.
Al que bajo el hielo negro de la noche caminó conmigo y sufrió conmigo la dócil alianza del fracaso, dejo la herida.
A la columna de silencio de esa muchacha que rozada por el tacto de la obediencia guarda en su pensamiento la perfección de la muerte, una copa de viento y de raíces.
Al río de mi infancia donde bebió Demócrito de Siracusa la niebla del espíritu, la claridad que ya no tendrán mis ojos.
A la ciudad que cercada por la elipse del envejecimiento enterró su memoria junto a las norias de la desposesión, una tumba vacía.
Al muchacho judío que ante un espejo empañado contempla el rubí de su alma atravesado por la espina de la crucifixión, una caja de música.
A la sombra de mi padre contemplando la luna, una cabaña en el bosque.
Al que en los atrios de la conformidad padeció la pobreza mas no será nombrado en las tablas de la justicia, la balanza con los alimentos.
A la orilla del mar, un caballo con cabeza de tortuga romana.
A la mujer que me amó con la fidelidad del astrónomo, dejo el resplandor, el halo de una estrella cuyo astro no existe.
Al ibis, la analogía de las agujas.
Para el que estrechamente vigilado por la locura hizo vibrar el ángulo recto de las constelaciones, el acordeón y las palomas verdes de la plaza.
Para ti, amor mío, el río eterno de los dioses y sus gatos sagrados.
Al insobornable enemigo cuya víctima fue feliz como un imán vertiginoso ante los filamentos de la melancolía, una silla de enea.
A la muerte, una puerta abierta.
Al ajusticiado en el abismo de su propia escritura que sólo tuvo oídos para el ángel y amó la semejanza y la inutilidad de las cosas, una jaula con peces de madera.
Al otoño, la lejana memoria de las ballenas del cabo.
A la sabiduría de los profetas, un candil de silencio.
A la lápida de Leonardo Mestre, los sueños que no tuvo y que ya nunca sabrá.
Al que con su linterna de fósforo ayudó a resistir y guió la navegación de los torturados, el faro de la utopía.
A la dulce mujer que se acercó a mi sombra como madre, el azul de mayo y el zumbido de las abejas en la primavera.
Al jardín de los monasterios, la alondra del alba y la rosa cortada del rabino.
Al tetrarca y al que está detrás de su lengua como un tábano, la urna rota del centauro ante la que un lacayo da voces.
A la tristeza que iba cruzando el puente aquella tarde de invierno, un revólver cerrado por un nudo.
Para el leñador que derribó el gran ciprés de los hermeneutas, el meteoro silvestre de las ciervas ingrávidas.
A la estatua de Francesco Orsini duque de Bomarzo, el vértigo transparente de la materia que huye.
A los versos que no escribí, un collar de frutos y semillas.
A la grieta del eremita, la pantera del anochecer.
A la memoria, la lluvia, el lirio de las estaciones abandonadas por las que pasa el ferrocarril sin detenerse.
A los amantes que descifran su desnudez en la oscuridad, un hilo de saliva.
A la pirámide del conocimiento, la amatista mojada del escarabajo y los élitros celestes del jeroglífico.
A La Habana de mis antepasados allá por mil novecientos veinte, la nieve.
Para Rousseau el Aduanero, los ágiles antílopes que cruzan el agua encarnada de los sueños.
Dad este libro a los animales, al búho y al alce, al armadillo y al erizo silvestre.
Arrancadle una a una sus páginas y dádselas a los animales. Dadle al hurón la oscuridad de la palabra búfalo y al búfalo la inmaculada pradera del billar de los bares.
Y de entre todos los dones y de entre todos los sueños, dadle a mi corazón una casa en el aire.