
Esta mañana:
Me he despertado al aire frío del otoño
el tiempo discurría por las vías de un tren que siempre parte vacío
ventanas sin cristal rompen mi nombre
y
anoche me sobró pan
Hey! viejo amigo ¿Cómo pasaste la noche?
La ciudad caníbal:
Esta ciudad es una sonrisa de ojos vacíos
Es una cicatriz de asfalto negro
Esta ciudad me acoge y me expulsa
Esta ciudad no es la mía
No es la ciudad de nadie
Es la ciudad de sí y para sí misma
Mi acordeón:
Lastimosamente. Son tantos cruces.
Afónico y triste
Hoy sólo le salen melodías marrones
¿Qué te ocurre, amigo?
Será el otoño. Será.
Mi supermercado:
La niña rubia. Ella sí sonríe con los ojos llenos.
Sí sonríe, pero no da. Sólo dan las viejas.
Amables. Maternales. Eclesiales.
Mi supermercado es como una iglesia
A veces, sólo un pasaje
un puente de colores musicales
¡Cuánta prisa!
Otra vez las mismas miradas caídas.
Atropelladas de vergüenza.
Y la niña rubia. Saltando. Sí sonríe.
La noche:
Hoy no ha habido cena.
A veces la de la coleta saca algo.
No sé si lo compra... o lo roba.
Hoy no ha habido cena.
Tendré que comprarla.
¿Qué llevaré a casa?
Me voy. Nada queda para mí en esta ciudad de muertos.
Sí, mi viejo, calla ya. Hoy has llorado mucho
y así no hay quien mendigue.
Espera junto a la palmera.
Mira, parece que sangre. Es la noche.
Que confunde los colores.
Todo es negro.
Mi traje. La palmera.
Y la muerte.
Esta noche no ceno.
Me voy a las vías.
El tren llevará hoy un pasajero. El segundo, Vliorel.
NOTA: