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lunes, 1 de junio de 2009

UNA NOCHE MEMORABLE

Jorge y Kike escribieron versos durante toda la tarde sobre la acera, en los posavasos del bar y montaron una pancarta que colgaron en plaza España donde comenzó y terminó el rectital-acción de La Trinchera: como no podía ser de otra forma, tomando las calles.



Kike DICTANDO POEMAS
Jorge, tiza en mano.

Todavía no despierto de las dunas en las que recalamos el sábado noche gracias a los poetas, libretas libres, de La trinchera. Jovencísimos dueños de la palabra, magos de las ideas, valientes, corajudos y tremendamente frescos.

Vaya como adelanto, mientras recibo más material, este poema que formó parte de un asalto en toda regla, lindando las tres de la mañana, cuando los atrincherados me rodearon para agradecernos algo que les agradecemos nosotros a ellos: su existencia, su lucha, su resistencia. Iré poniendo todos los poemas que me envíen, pero vaya este por delante y mis lágrimas sobre la barra resbalando, como lo hicieron el sábado.

sé

de

tus motivos anhelantes y de tu accidente de bocas,

de tu paso silencioso por mi sien,

del canto en mi pecho cuando gimes.


no se,

dentro, seas el bastón de fresno de un mudo orgulloso,

o solo

un pequeño diente fresco en mi boca,

una farola en el camino.


Pero tú,

susurro que me realza en cada verso,

la mano

que me acaricia en el desfiladero de las lunas,

la bala cierta que me resfresca la memoria,

el que ofreció el oído y la risa como respuesta.

Mereces la eucaristía de la mano unida en nuestros pechos.


Supongo que de tus fonemas surgieron las lágrimas

y de tus pasos un erróneo barranco,

y por eso estas humildes letras como lucha

de ríos

y el abismo de las palmeras,

el esquivo pensamiento

de la mente,

la palabra que me brota sincera cuando

tu imagen me sobrecoge, cuando el abrazo me aceptaste.


Tú :

la que cumple años frente a los vientos,

la que jugó con los rayos y durmió a los extremos,

la que me sujeta el cuerpo cuando el mundo se desmorona,

un agua lisa

un agua turbia

el agua que me despierta.

aquella

que en sus ojos guarda

los mil motivos para la revolución.


-Mi revolución.-


Por eso,

gracias,

compañera, camarada, compadre, amiga,



hermana.


Por Kike Martín

viernes, 10 de octubre de 2008

Dos poemas de Antonio Martínez i Ferrer para tiempos de crisis

Me envía Antonio dos poemas que claman, gritan y se posicionan ante los acontecimientos que sacuden el mundo. Son de su poemario 'Esquirlas en el aliento'

Dos mil ocho

Nos golpean

en azul

en negro

en rojo,

golpes de sangre

golpes de silencios.

Las caravanas

del grito

se archivan

en cementerios.

Olvido de pasos

en la asamblea perdida,

reunión de vacíos

en los rellanos

de la confusión.

las ramas del olivo

huelen a cenizas.

Me asomé en las afueras,

la calle

es un patio

torturado por el grito.

Aquellas bestias

sonríen.

El hambre acude

aprisa y constante.

Marginación y olvido

sobre el horizonte,

mientras

las voces que espero

regresan

muy lentamente.

¡¡Es el tiempo de la rebeldía!!


El amo de la risa

sujeta mis días de explotado.

La piel herida

todos los engranajes

ruedan por mi espalda,

de niño

almorzaba golpes

hoy ceno soledad.

Harto

de soñar vientos

estoy descalzo

solo.

Tendré que rearmarme

con las voces dispersas.

jueves, 2 de octubre de 2008


Esta mañana:

Me he despertado al aire frío del otoño
el tiempo discurría por las vías de un tren que siempre parte vacío
ventanas sin cristal rompen mi nombre
y
anoche me sobró pan
Hey! viejo amigo ¿Cómo pasaste la noche?

La ciudad caníbal:
Esta ciudad es una sonrisa de ojos vacíos
Es una cicatriz de asfalto negro
Esta ciudad me acoge y me expulsa
Esta ciudad no es la mía
No es la ciudad de nadie
Es la ciudad de sí y para sí misma

Mi acordeón:
Lastimosamente. Son tantos cruces.
Afónico y triste
Hoy sólo le salen melodías marrones
¿Qué te ocurre, amigo?
Será el otoño. Será.

Mi supermercado:
La niña rubia. Ella sí sonríe con los ojos llenos.
Sí sonríe, pero no da. Sólo dan las viejas.
Amables. Maternales. Eclesiales.
Mi supermercado es como una iglesia
A veces, sólo un pasaje
un puente de colores musicales
¡Cuánta prisa!
Otra vez las mismas miradas caídas.
Atropelladas de vergüenza.
Y la niña rubia. Saltando. Sí sonríe.

La noche:
Hoy no ha habido cena.
A veces la de la coleta saca algo.
No sé si lo compra... o lo roba.
Hoy no ha habido cena.
Tendré que comprarla.
¿Qué llevaré a casa?
Me voy. Nada queda para mí en esta ciudad de muertos.
Sí, mi viejo, calla ya. Hoy has llorado mucho
y así no hay quien mendigue.
Espera junto a la palmera.
Mira, parece que sangre. Es la noche.
Que confunde los colores.
Todo es negro.
Mi traje. La palmera.
Y la muerte.
Esta noche no ceno.
Me voy a las vías.

El tren llevará hoy un pasajero. El segundo, Vliorel.

NOTA:

Vliorel Plesca, de 54 años de edad, ya no volverá nunca más a tocar la acordeón a las puertas del supermercado Consum de la calle San Vicente Mártir de Valencia.

jueves, 28 de agosto de 2008

La acequia de chocolate

a mi abuelo Bernardo

por contármelo todo


Corrían ajenos a sus pantalones cortos grises

saltando el peligro reclamado de besos y zurcidos

Los veranos eran dulces en la sierra de Carlet

Griterío, cántico de pájaros

Apenas cien centímetros del suelo

El herrero le despidió con mano ruda

De nervios afilados y quemados

Allá iba la chiquillería

Gorjeo de niños alejados

Vuelta la esquina

Ya no quedan de esos

La libertad de los niños ha sido sacrificada

Todos sabían adónde iban: hacía calor

Olía el aire a chocolate nuevo

Era un verano de miel

Y ellos eran libres

La fábrica de chocolate bañaba el campo

De olores y sueños de domingo en la plaza

Salía el agua a borbotones

-Ese aroma, ese ruido, ese recuerdo endulzado-

Teñía de marrón el agua de la acequia

Corriendo llegaban, corriendo se zambullían

Y corriendo salían perseguidos de ira y garrote.

Una vez un niño se ahogó.

Era muy pequeñito.

“Pero volvimos al día siguiente. Siempre volvíamos”